La ética profesional y las tesis

A comienzos de abril, en un grupo de discusión de editores, correctores y redactores, se planteó el caso de un redactor que solicitaba asesoramiento sobre cuánto cobrar por redactar un informe académico para otra persona. El redactor se encargaría de pensar en un índice, de la investigación documental y de la redacción final, es decir, de todo. La cuestión tenía dos facetas: la monetaria y la ética.

En el grupo, otros colegas comentaron que esta era una situación más que frecuente y que había que comprender a quienes incursionaban en estas prácticas. En definitiva, decían, de algo había que vivir.

En mi actividad como consultora externa, me ha tocado varias veces asistir a personas que están cursando un posgrado o doctorado. La asistencia constó en asesorarlos en cuestiones de redacción, ayudarlos a encontrar la manera más clara para expresarse y, tal vez lo más requerido, ayudarlos a que el texto siga las normas de la casa de estudios, incluida la bibliografía.

Me ha tocado recibir consultas sobre si redacto tesis o tesinas a pedido, pero siempre he dicho que no. ¿Los motivos? Porque no es ético. Un texto académico no es cualquier texto. Pensarlos y redactarlos tiene una consecuencia clara: recibir un título. Y, si bien se evalúan por su ortografía, su sintaxis, su claridad, lo fundamental son las ideas que hay en esos textos, que deben ser originales y, claro, propias.

Presentar una tesis ajena como propia es lo opuesto a la vida académica. Uno se pasa, digamos, tres, cuatro años formándose en una disciplina... ¿para que otro piense por uno cuando realmente cuenta? La vida académica se centra en generar ideas, en el compartir el conocimiento, en la generosidad con los colegas, en la verdad. ¿Por qué será que quienes dedicaron tantos años a formarse, quienes se desvelaron escandiendo versos o analizando a Freud, quienes se especializaron en el derecho impositivo de la provincia del Chaco deciden delegar el momento más importante de su carrera a otra persona? ¿Por qué será que deciden poner en su propia boca palabras ajenas?

Más aún, ¿por qué otros colegas se venden por unas cuantas monedas de plata?

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