¿Desgrabar o transcribir?

En la consultora, hago trabajos de "desgrabación", es decir, convierto archivos de audio (conferencias, sesiones terapéuticas, entrevistas de investigación de mercado, entre otras) en textos.

Pero ni "desgrabación" ni "desgrabar" son palabras que figuran en el Diccionario de la Real Academia Española, entonces surge el interrogante: ¿escribo como se dice en la calle o como se escribe en el diccionario?

Para muchos, esta cuestión ya está resuelta desde el comienzo. Se escribe según el diccionario, nada de palabras inventadas. En lo personal, disiento y les explico por qué.

Todo idioma se guía por una serie de reglas fijas: los plurales se forman agregando tal letra, los femeninos, agregando tal otra, los verbos se conjugan así, la sintaxis será asá. Ésa es la gramática, que nos ayuda el colegio a incorporar de manera consciente, pero que aprendemos ya desde pequeños, al escuchar hablar el idioma a las personas que nos rodean. En otras palabras, las reglas se transmiten de persona a persona hablando el idioma, haciendo uso de él y el colegio nos permite afinar el lápiz para mejorar todavía más la expresión y hacer conscientes los procesos de esa gramática.

El idioma, además de la gramática, tiene un lexicón, una lista de todas las palabras en ese idioma: mesa, comer, lindo, rápidamente, las, por ejemplo. Esas palabras son un recorte de la realidad. Las palabras tienen un valor fónico (un sonido) y un significado. Por eso, cada palabra hace un recorte de la realidad y se refiere a algo en particular. Por ejemplo, si nos referimos al hecho de posar los ojos en algo, tenemos una variedad de opciones para recortar esa realidad: ver, mirar, observar, escudriñar, atisbar, espiar. Cada una hace un recorte diferente, cada una tiene un diferente matiz.

Esta lista llamada en gramática "lexicón" no es finita, está en constante movimiento porque la realidad que representan no es fija tampoco. En la medida en que la realidad da origen a situaciones nuevas, la lista las refleja rápidamente. Vean, si no, los verbos de creación reciente "googlear", "chatear", "backupear". No están contemplados en los diccionarios, pero se usan y tienen un significado concreto ('buscar en Google', 'hablar con otra persona por medio del mensajero de una computadora', 'realizar una copia de seguridad').

Para los que trabajamos con palabras, estas palabras nuevas nos presentan un dilema: ¿seguimos las reglas o somos flexibles? Hay quienes prefieren utilizar en una escritura correcta solamente las palabras que figuran en los diccionarios, en particular en el DRAE. Hay quienes colocan cursivas a estas palabras, para indicar que no están en el diccionario, y las incorporan de todas maneras debido a su difusión.

Mi postura personal por mucho tiempo fue evitar las palabras nuevas, pero me equivocaba. Como trabajadora de la palabra, mi criterio debería haber sido evaluar si la palabra nueva seguía las reglas de formación de palabras del español.

Seguramente han escuchado hablar sobre el latín, que es una lengua muerta. Que esté muerta significa que no evoluciona, no cambia más. El idioma quedó así, no hay más hablantes que puedan alimentarlo. Las lenguas están vivas cuando hay hablantes vivos, que hacen que esa lengua viva, esto es, inventan palabras para las situaciones nuevas y transmiten la lengua a las futuras generaciones. Eso hace que una lengua esté viva o esté muerta.

Por lo tanto, si pretendemos que la lengua no tenga palabras nuevas, vamos por mal camino.

Ante palabras como "desgrabar" y "desgrabación", no me queda otra que afirmar que siguen la regla de formación de palabras del español. A "grabar" y "grabación" se les ha agregado el prefijo "des-", que tiene un sentido negativo. Significa ‘negación o inversión del significado’
(Santana, O.; Carreras, F. J.; Pérez, J. R.; Rodríguez, G., Relaciones morfoléxicas y prefijales del español). Por lo tanto, están bien formadas ambas palabras.

Como la escritura es tan personal como la ropa que usamos, en mi caso, me inclino por "transcribir" como alternativa, un verbo que hace tiempo que está instalado y que dice prácticamente lo mismo.

Entonces, ¿desgrabar o transcribir? Mm, una mera cuestión de gustos.

Tiempos verbales: ¿Declárase o declárese?

En algunos textos administrativos o jurídicos (disposiciones, resoluciones, decretos, por ejemplo), hay una estructura de base formada por el visto, los considerandos y el articulado. El visto es el encuadre legal, toda la normativa relativa al tema; los considerandos son las circunstancias del caso, cada una de las razones esenciales que preceden y sirven de apoyo para tomar una resolución al respecto y, finalmente, el articulado indica qué se resolvió.

Intervienen diferentes personas en el dictado de un texto administrativo o jurídico. En principio, hay dos figuras involucradas, una de las cuales está subdividida:
  • el suscriptor, que firma el texto
  • el destinatario del texto (el que cumple las órdenes, el causante)
Los verbos empleados en el articulado expresan, por lo general, órdenes que deben cumplir otras personas (diferentes de quien firma), pero, también, situaciones que quedan constituidas en ese momento. Para cada caso, se usan diferentes tiempos verbales.

Para expresar órdenes, el español tiene dos opciones: el tiempo presente del modo imperativo, en la persona que corresponda (sea una o varias), o el presente del modo subjuntivo, cuando se trata de una orden impersonal, siempre en tercera persona (singular o plural). Este último tiempo verbal es la opción que se utiliza en el lenguaje administrativo.
ARTÍCULO 3°.- Comuníquese, publíquese en Boletín Reservado del Ejército y archívese en el ESTADO MAYOR GENERAL DEL EJÉRCITO (Jefatura I - Personal).
En el ejemplo, destacamos con color los tres verbos que expresan órdenes (comunicar, publicar, archivar). Están formados por el verbo conjugado (“comunique”, “publique”, archive”) más la partícula “se” y está elidido “que”. Es decir, es lo mismo “comuníquese” que “que se comunique”. Por una cuestión de estilo y de costumbre en el género de los textos legales, se utiliza solamente la primera forma (“comuníquese”).

Nótese que, si el sujeto de estos verbos es plural, el verbo también debe estar en plural.

SingularPlural
Elévese el expediente.Elévense los expedientes.
Pase lo actuado.Pasen los actuados.

Ahora bien, en el caso de situaciones que quedan constituidas en el momento de la firma, debe utilizarse el presente del modo indicativo.
ARTÍCULO 1º.- Convalídase el convenio suscripto entre la UNIVERSIDAD DEL SALVADOR y (...).
El verbo está compuesto por la forma verbal conjugada (“convalida”) más la partícula “se”. Sin embargo, se prefiere la variante más cercana al lenguaje cotidiano: “Se convalida”. Por eso, la redacción preferible en este caso es la siguiente:
ARTÍCULO 1º.- Se convalida el convenio suscripto entre la UNIVERSIDAD DEL SALVADOR y (...).
En resumen, para determinar si un verbo está bien utilizado en el articulado, hay que resolver si se trata de una orden que cumple otra persona o si es algo que queda definido con la sola firma del documento. Las órdenes irán en presente del modo subjuntivo y las otras cuestiones, en presente del modo indicativo.

Correctores: ignorados guardianes de la palabra

Hay profesiones que todos conocen. Más o menos todo el mundo sabe que un abogado defiende, que un médico cura y que un contador lleva cuentas, pero poco se sabe sobre lo que hacen los correctores y, cuando uno se presenta, sin más ni más, como «corrector» la gente empieza a mirar con desconfianza. Y guay de decir que uno es «escritor» o «poeta», porque ahí hay que acercar la máscara de oxígeno.

La cuestión es que, a la hora de escribir en un formulario la profesión, uno se pregunta si el que va a leer ese papel comprenderá la palabra «corrector». Cuando me presento, la gente suele preguntar «¿y qué corregís?», pero con verdadero asombro, como si no hubiera nada para corregir en el mundo. Y suelo contestar: «Discursos, textos legales, notas, artículos, de todo». Pero el deja vu es inevitable porque preguntan otra vez y con mayor asombro «¿y qué corregís?». Claro, qué podría corregirse en un discurso, en una nota, ¿no? Sin perder la paciencia y adoptando un simplismo al que me llevaron estas situaciones, digo: «puntos, comas, acentos, que esté bien escrito». Y ahí viene pegadito el quéaburridodebeser, seguido de un perotedebegustarmucholeer a modo de disculpas.

Pero, si la gente en general ignora la tarea de los correctores, la gente que los conoce la ignora de la misma manera. He conocido gente en mi trabajo que creía que los correctores eran una suerte de censores con título, que se dedicaban a destruir de un biromazo su libertad de expresión, que la correctora era la maestra Siruela que le venía a refrescar las reglas ortográficas y que cambiaba palabras o frases solo por capricho, porque le gustaban así y no de otra manera.

Corregir es dar solución a un problema en un texto y habrá tantas posibles soluciones como correctores. Hay correctores implacables, que prácticamente hacen una exégesis en los márgenes y hay otros más flexibles, que tratan de respetar el estilo del autor. Aceptar las correcciones de otra persona es siempre difícil y, en la mayoría de los casos, se convierte en una cuestión de honor. «¡Pero si yo nunca tuve errores de ortografía!», se defienden unos; «pero para la coma no hay reglas», apuntan otros y los más discuten todavía que las mayúsculas no llevan tilde. Tratan de justificar los errores con repertorios enclenques como «yo siempre lo escribí así, tiene que estar bien», «dice lo mismo, ¿para qué lo cambiaste?», «escribí "Presidente" con mayúscula porque él es una persona importante» o «los meses van con mayúscula, ¡lo leí en un libro!».

Sin embargo, los verdaderos problemas del corrector van más allá de los signos de puntuación. Lo difícil es explicarle al autor que la formalidad no depende de la cantidad de palabras y que por ello es preferible usar frases más cortas y precisas como «para solicitar la gestión» en lugar de «a fin de solicitarle quiera tener a bien disponer la gestión» . ¿Cómo hacerle comprender al autor que debe tener en cuenta al lector cuando escribe? ¿O que el texto debe tener cohesión, que debe ser coherente? Y qué traumático es para algunos entender si el tono del texto es apropiado.

Considero que estas actitudes reflejan problemas de fondo de nuestra sociedad. En primer lugar, somos orgullosos y no toleramos la crítica. No aprendemos nunca del error porque pensamos que la crítica es siempre destructiva y que es, en definitiva, un problema del otro. En segundo lugar, hay un total desconocimiento de las profesiones relacionadas con el lenguaje y esto es grave. La palabra, que nos permite ligarnos a Dios, a los hombres y al mundo, tendría que ser respetada y cuidada por todos y, sin embargo, es un tesoro custodiado por unos pocos que, para peor, son vergonzosamente ignorados y vituperados.

En la medida que aprendamos a valorar la tarea del otro, que seamos un poco más respetuosos de sus conocimientos y que tengamos la humildad suficiente como para aceptar nuestros errores, podremos ser una sociedad mucho más justa.

La escritura correcta de un sobre

Acostumbrados a lo inmediato del correo electrónico, la mensajería en línea y las conferencias virtuales, es lógico que, cuando surge la necesidad de enviar una carta o correspondencia por correo tradicional, nos visiten nuestras amigas, las dudas. ¿Qué escribo primero: el código postal o la ciudad? ¿Escribo el código postal entre paréntesis o no?

En la Argentina, hay un sistema, una forma ya estipulada para escribir todos los datos del remitente y del receptor en un sobre. Respetarlo asegurará que la carta tendrá toda la información necesaria para que llegue a destino y que no se pierda por ahí.

En esta página del Correo Argentino, hay unos cuantos modelos de cómo escribir un sobre correctamente. Una página interesante para tener siempre a mano o agregar a los favoritos de nuestro navegador.
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