Anfibología: Robaron vestidos de policía

Ayer vi en televisión este titular: "ROBARON VESTIDOS DE POLICÍA", que se refería a unos ladrones que, fingiendo ser policías y vistiendo el correspondiente uniforme, entraron a robar en un aserradero (más sobre la noticia, aquí). Lamentablemente, no hice a tiempo a capturarlo con la cámara de mi celular.

El titular es un interesante ejemplo de anfibología, una figura que consiste en una frase o expresión que puede interpretarse de más de una manera. Se trata de una brillante figura literaria o un error, según el doble sentido sea buscado o no.

Un ejemplo clásico es: "El burro de tu hermano no quiere trabajar", donde "burro" puede interpretarse como 'animal de carga' o como 'tonto', en cuyo caso el tono sería algo agresivo.

Volvamos a la noticia entonces. "Robaron vestidos de policía" es un titular poco feliz debido a la anfibología que está presente en él: "vestidos" puede interpretarse como 'disfrazados' (término que habría sido más apropiado en este caso) o como 'traje enterizo de mujer'.

Al leer la noticia o al escuchar más sobre ella, el lector o espectador entiende que 'disfrazados' es la acepción que corresponde, pero, sin el contexto, la anfibología hace de las suyas y uno puede imaginarse que los ladrones entraron a robar unos vestidos como éstos.


Oh, pero la noticia en realidad no era el robo, sino que ciertos miembros de la Policía, conocidos por su bigote espeso y su grave voz de mando, ¡usaban vestido!

Sobre el femenino de "ministro"

Cuando las mujeres estuvieron por primera vez en la dirección de un ministerio, se generaron muchas dudas respecto del femenino de “ministro”. Si bien algunos manuales protocolares afirman que los cargos no cambian según los ocupe un hombre o una mujer, la tendencia actual es evitar usos sexistas del lenguaje en todo tipo de textos, incluidos los institucionales.

La regla de formación de femeninos establece que las palabras cuya forma masculina acaba en –o forman normalmente el femenino sustituyendo esta vocal por una –a: bombero/bombera, médico/médica, maestro/maestra. Por lo tanto, ministro/ministra.

Corrobora esta regla el Diccionario de la Real Academia Española, que registra “ministro” para el masculino y “ministra” para el femenino.

Lo que hay que escuchar: Entrega 1

Inauguramos sección: Lo que hay que escuchar. Aquí iremos publicando todas las frases poco felices y, a la vez, hilarantes que nos toca escuchar o leer en nuestro día a día.

1.1
—Sí, la carta está bien, lo que dice, pero es demasiado corta.
—¿Falta algo? ¿Hay que agregar algo más?
—No, faltar no falta nada, no hay nada más para decir, pero no es protocolar una respuesta tan corta, por muy bien escrita que esté. Inflala más o menos hasta el doble, así la firmo y la mandamos.
(Empleado de un ministerio a la correctora, pidiendo ampliar la redacción).

1.2
—¿Te envío todos los textos en un solo archivo de Word o en varios archivos, así tenés el texto de cada sección por separado?
—¿Archivo? ¿Qué es eso? ¿El clipcito?
(Dueño de una entidad educativa a la redactora).

1.3
—Vos fijate en esta página. La idea es que los textos estén iguales a esta página, pero distintos. No se tiene que notar que copiamos.
(Cliente a la redactora, al explicar despreocupadamente su proyecto de plagio).

Ortografía y traducciones: Colombia y Columbia ¿significan lo mismo?

Colombia y Columbia: ¿es el primero el nombre de un país latinoamericano en español y el segundo, su traducción al inglés? Muchos traductores así lo creen, pero no da lo mismo una "o" que una "u". En este caso, son dos letras que están a 6689,27 kilómetros de distancia una de la otra.

Echemos luz al asunto.

Colombia es el nombre del país latinoamericano conocido por su exquisito café. Su traducción al inglés es "Colombia".

Por su parte, Columbia, que no es la traducción en inglés de Colombia, es un distrito de los Estados Unidos de América que comprende a la ciudad de Washington y que, como ella, está ubicado a orillas del río Potomac. Más conocido por su abreviatura que por su propio nombre, está presente en el nombre completo de la ciudad: "D. C." en Washington D.C. significa "District of Columbia", es decir, "Distrito de Columbia".

Léxico: ¿adiós al verbo "revelar" y al adjetivo "velado"?

El avance de la tecnología es uno de los tantos factores que influyen en la transformación del lenguaje. Las nuevas situaciones y descubrimientos exigen que el lenguaje las refleje también, que les dé entidad. De alguna manera, lo nuevo no existe públicamente hasta que es nombrado, hasta que se acuña un término para designarlo.

Hay varios ejemplos, pero me limitaré a dos, que, a mi juicio, son los que más influencia han tenido.


La cadena y el botón
Cuando la tecnología llegó a los sanitarios y el procedimiento para descargar la cisterna de un inodoro dejó de realizarse tirando de una cadena, surgió la la frase "apretar el botón", en su reemplazo.

Pero la expresión "tirar de la cadena" estaba tan arraigada que muchas personas continuaron usándola aun para el sistema del botón.


El disco y los botones

Otro ejemplo es el sistema telefónico. Los teléfonos de hace unos treinta años tenían un disco con orificios (uno para cada número) y la persona que quería llamar debía colocar su dedo en cada dígito del número telefónico y hacer girar el disco hacia la derecha para cada uno de ellos. Eso era, en lenguaje corriente, "discar un número", verbo derivado del sustantivo "disco". El procedimiento, como podrán recordar o imaginar, llevaba su tiempo, debido al sistema de pulsos que existía entonces y que así lo requería.

Lógicamente, en una época en que el tiempo es oro, el disco de los teléfonos desapareció en pos de un sistema más rápido: el de tonos, que venía de la mano de los botones. Verbos como "digitar", "apretar" y "presionar" se pusieron de moda e hicieron su aporte, en paralelo a los tradicionales "llamar" o "telefonear".

Pero la historia no termina allí, porque el viejo "discar" se siguió y se sigue usando, al punto de que en algunos mensajes grabados de las telefónicas, esos que se escuchan cuando el número con el que queremos comunicarnos está apagado, fuera de servicio o dado de baja, se puede escuchar todavía "El número discado se encuentra congestionado...". La propia empresa telefónica dice "discar", casi después de treinta años de que el disco se dejó de usar.

En definitiva, el lenguaje se resiste a los cambios. En mi opinión, incorpora rápidamente términos nuevos, pero deja de usar los anteriores con lentitud. Es decir, reemplaza poco, la tendencia general es sumar sinónimos, más que reemplazar términos o frases.

El extraño caso de "revelar" y "velado"
Pensaba hoy en la fotografía y ocurre algo similar. Las cámaras de fotos en la actualidad son digitales, no traen "rollo" y, como consecuencia, no hay ningún rollo que debamos "revelar" o, mejor, que se pueda "velar". Revelar era el proceso que permitía hacer visible la imagen impresa en la película fotográfica o "rollo". Y las fotos quedaban "veladas" cuando el rollo se exponía a la luz sin haber pasado por el correspondiente proceso. Las fotos veladas se perdían, no había forma de recuperarlas. Una máquina con una tapa floja o un usuario ansioso por quitar el rollo conducían a la tragedia de perder todas o casi todas las fotos de unas vacaciones o de una graduación. Era una tragedia, realmente.

Hoy, como decía, las cámaras son digitales. Y hasta los celulares sacan fotos. Éstas se guardan en la memoria de la cámara de fotos, en la del celular, en la computadora, en un pen drive o en un disco compacto y el proceso de llevarlas al papel es la "impresión". Ahora las fotos no se revelan, se imprimen.

A diferencia de los dos casos que comenté al principio de este artículo, creo que el verbo "revelado"  y el adjetivo "velado" se están dejando de usar. No hubo una gran resistencia en este sentido. Pero ¿por qué?

Una posible explicación es que el verbo "imprimir", usado ahora, ya existía (no fue creado para reflejar la situación nueva) y asimiló el significado de "revelar".

Otra -y creo que la de más peso- es que ya no se imprimen las fotos como antes. Ahora los álbumes son virtuales y se puede acceder a ellos sin siquiera tener al de la foto al lado, con sus explicaciones del tipo "En esta foto, estábamos en...". Las fotos se publican en las redes sociales. Se miran las fotos, se comparten las fotos, hasta se comentan, pero pocos las llevan al papel y esos pocos no alcanzan para hacer que sobrevivan los viejos "revelar" y "velado".

Nota: Gracias, Sergio, por las aclaraciones técnicas.
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