El bebé más pesado del mundo


Hoy conversaba con uno de mis alumnos sobre el libro El jamón del sánguche, de Graciela Bialet, publicado por el Grupo Editorial Norma. Se trata de una lectura interesante para adolescentes y no tanto. Trata, entre otros temas, la adopción, el tránsito de la niñez a la madurez que es la adolescencia y diversas cuestiones sobre las familias ensambladas; es, por lejos, una novela que da pie para hacer un análisis profundo en clase con los jóvenes; hay muchas maneras de abordarlo y sacarle el jugo.

Pero no quiero hablar del libro en particular, sino sobre una errata que hay, por lo menos, en la primera edición (2008), reimpresa en marzo de 2009, que es la que tenemos mi alumno y yo.

Discutíamos sobre cuál era la reacción de Cecilia, la protagonista de la historia, ante el nacimiento de su hermanito. Para explicársela, tomé el libro y leí en voz alta lo que sigue:


"¡Me nació otro hermanito! (...) Ayer llegó a este loco mundo Mateo. ¿A ser uno más del montón? No, él no, Mateo es único. Y es el bebé más precioso que jamás he visto. (...) Más chiquito que un muñeco. 2.100 kilos".


Yo leí en voz alta: "dos mil cien kilos". Entonces mi alumno comentó: "No, dos mil cien kilos es imposible". Y tenía razón. El signo de puntuación elegido para separar los kilos de los gramos estaba equivocado. Había allí, en lugar de la coma que utiliza el español para estos casos, un punto incorrecto, utilizado a la manera inglesa. En resumen, la ortografía correcta hubiera sido "2,100 kilos", en lugar de "2.100 kilos".

La anécdota terminó con risas, obviamente. Dos toneladas y cien kilos... ¡Es que era muy pesado ese bebé!

No aclares ¡que oscurece!

Sala de espera del Hospital Italiano de Buenos Aires. Unos amigos y yo esperábamos que ingresaran a una amiga para una operación. Nervios, algo de sueño, ansiedad. Gente que iba y venía con bolsos, bastones, familiares.

En una esquina de la sala de espera, había un dosificador de agua (un dispenser). No tenía los vasos tradicionales de plástico, sino una caja de la que uno podía sacar un sobrecito, que se abría y hacía las veces de vaso.


Me pregunto por qué habrán necesitado aclarar en la caja "Descartables de verdad". Este tipo de aclaraciones suele generar el efecto contrario. El consumidor, que ante todo es lector, se queda pensando: "¿Por qué lo aclaran? ¿Acaso hay sobres que dicen ser descartables y no lo son? ¿Éstos lo serán realmente?".

Por eso, antes de aclarar... mejor pensarlo dos veces.
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