Feliz día, traductores

Dos citas para homenajear en su día a los traductores y su noble profesión (leído en El cuaderno naranja).

Sin traducción habitaríamos provincias lindantes con el silencio.
George Steiner
Los escritores hacen la literatura nacional y los traductores hacen la literatura universal.
José Saramago

¡Feliz día!

Visto por ahí: la escritura en el mundo del trabajo

Una alegría total leer que Bumeran publicó un artículo sobre cómo influye la escritura (buena o mala) en el mundo del trabajo. Hacemos fuerza juntos porque viene a tono con lo que publiqué hace poco en este blog sobre la importancia de un currículum bien escrito.

Nunca está de más advertir que la escritura es una verdadera carta de presentación, más aún en tiempos de comunicaciones virtuales y necesariamente por escrito (mienten los que dicen que ya no se escribe como antes: se la pasan escribiendo correos electrónicos, chateando por MSN y dejando comentarios en blogs y saludos en los muros de sus amigos de Facebook).

Vuelvo al artículo. Me encantó el consejo de cierre:
"Mejor redacción + mejor presentación = más posibilidades de un mejor trabajo."


Leído en: Bumeran Blog.

Los abogados al banquillo: la jerga profesional o la llaneza en el lenguaje



-¿Qué son cien abogados encadenados en el fondo del mar?
-Un buen comienzo.



De todas las profesiones hay un estereotipo. El del abogado es simple: un tipo ampuloso, que habla en difícil, que cobra caro y que sólo piensa en su propio beneficio. Es cierto, hay unos cuantos abogados que cuadran con esta descripción, pero no son todos iguales.

La función de la ley y de la abogacía está muy ligada al concepto de escritura que se tenga. Están los que dicen que la ley es para todos, pero que se necesitan mediadores (los abogados) para comprenderla y están los otros, con los que me llevo mejor, que dicen que si la ley es para todos, tiene que estar escrita en un lenguaje llano, accesible a todos los ciudadanos, a los que podrán asesorar los abogados.

La postura con respecto a esto determina dos tipos diferentes de escritura: la escritura "juridicosa", oscura y compleja, y la llana, que es simple y accesible.

Pero no sólo los abogados piensan que escribir bien es escribir oscuro y con palabras largas. Esto se ve en todos los ámbitos. Y, por eso, hay que combatirlo en todos los ámbitos.

Uno de mis escritores argentinos favoritos, Marco Denevi, creó en su nouvelle Rosaura a las diez un personaje interesantísimo, un joven estudiante de Abogacía llamado David Réguel que cumple con todas las características del estereotipo. Sus expresiones están cargadas de palabras en otros idiomas, preferentemente en latín, y términos de la jerga jurídica, aplicados a situaciones corrientes, ajenas al ámbito legal. ¿El resultado? Nadie le entiende y él se siente importante.

Los políticos caen en los mismos errores si vienen del ámbito jurídico. La señora presidente de los argentinos, por ejemplo, utiliza términos jurídicos fuera de ese ámbito y ante públicos que no dominan su misma jerga profesional.

Por poner un ejemplo, en julio de 2008, en su discurso ante la cumbre del Mercosur, Cristina Fernández de Kirchner mencionó la necesidad de una negociación de carácter “sinalagmático”. Se hizo un silencio sepulcral en la sala, por lo que se sonrió y agregó: “Claro, Chávez me mira porque él es militar y no tiene por qué saber un término jurídico”. Chávez tuvo un asistente veloz, que le pasó el significado en un papelito, pero no era el caso. El caso es qué entendía toda la gente, el pueblo, que estaba mirando el transcurso de la cumbre por televisión o la gente que después tenía acceso a la transcripción de los discursos. ¿Y si la presidente no se detenía en el término qué pasaba? En eso la presidente estaba en lo cierto: ni Chávez ni el pueblo tenían por qué saber un determinado término jurídico y, a menos que se lo explicaran solidariamente, el término no debería haber estado en su discurso.

Utilizar términos de un ámbito restringido o particular ante un público más amplio es pedante, discriminatorio y un signo de que uno no puede adaptar los conocimientos para que los entienda la mayoría. No está bien.

Ahora bien, volvamos a los abogados. Los abogados escriben muchos textos. Y, aunque en la Argentina ahora hay juicios orales, la mayor parte de los pasos de un juicio se hacen por escrito. Los jueces leen cientos y cientos de papeles por día. Cada paso significan fojas y fojas de defensa y explicación. Los abogados escriben y los juecen leen.

Por eso, cuando hay que escribir un texto jurídico, hay que pensar en quien lo va a leer. ¿Lo va a leer el pueblo (en el caso de las leyes)? ¿Lo va a leer el juez (en el caso de una presentación en una causa)? Detrás de todo texto hay una persona de carne y hueso que lee, por la que el que escribe debe sentir compasión.

Y eso se logra respetando al menos estos tres lineamientos:

1- Transmitir las ideas con la mayor claridad posible.
2- No irse por las ramas, evitar los detalles innecesarios.
3- Preferir las palabras familiares (por lo general, en español son las más cortas) a los tecnicismos. Reducir el uso de éstos a los casos en que son absolutamente necesarios.

Frases: planificar la escritura

"Hay que escribir corto y pensar largo".

E. Spranger

Consultorio: ¿Prueba de chi o de ji cuadrado?



La expresión x2 hace referencia a una prueba estadística que permite calcular la probabilidad de obtener resultados que únicamente por efecto del azar se desvíen de las expectativas en la magnitud observada si el modelo es correcto.

Debe su nombre a la letra ji (X, x), vigésima segunda del alfabeto griego, con la que se representa el resultado de la prueba. Sin embargo, no todos la llaman «prueba de ji cuadrado» o «prueba de ji al cuadrado» , como es correcto. También se lee y se escucha «prueba de chi cuadrado», incluso en ámbitos académicos.

El error se debe a que, en inglés, esta prueba se denomina chi square, chi squared o chi-squared test y muchas personas, que la estudiaron a partir de textos en ese idioma, importaron la expresión «chi cuadrado», sin saber que, en el idioma de Shakespeare, «chi» se pronuncia «cai», no «chi».

Un claro de ejemplo de espanglish, que deberíamos evitar.

Visto por ahí: falsos amigos

Un vídeo interesante sobre falsos amigos en inglés-español.

Palabras fuera del diccionario: monitorear

Hace un rato, buscaba una buena opción de traducción para el verbo inglés "monitor" y descubrí una interesante cuestión idiomática.

Al menos en la Argentina, en Buenos Aires, solemos utilizar el verbo "monitorear". Es un verbo que tiene en Google 1.150.000 ocurrencias. Pavada de veces. Pero el verbo no figura en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) y eso, como siempre, nos pone en un brete.

Por su parte, en Wordreference, el verbo que se presenta como traducción de "monitor" -y el más cercano a "monitorear" (con el significado de 'observar', 'controlar' y 'seguir')- es "monitorizar".

De vuelta al DRAE entonces. Pero sigue la galleta: "monitorizar" tiene una única acepción que toca estos tres significados, pero hasta cierto punto. Veamos.

El DRAE dice:

monitorizar.

1. tr. Observar mediante aparatos especiales el curso de uno o varios parámetros fisiológicos o de otra naturaleza para detectar posibles anomalías.

Está claro que es una acepción muy acotada. Y a esto debemos sumarle que las ocurrencias en Google de "monitorizar" son pocas (sólo unas 632.000 contra el millón y pico de "monitorear").

Cuando ocurren estos dilemas, hay que evaluar varios aspectos antes de tomar una decisión:
- Si se trata de un regionalismo
- Si el término que no figura en el diccionario es de uso masivo
- Si el término que no figura en el diccionario y de uso masivo sigue las reglas de formación de palabras en el sistema de la lengua
- Si hay otros términos que se puedan utilizar como alternativas para evitar un término todavía no aceptado "oficialmente" (una opción algo cobarde, pero conciliadora también)

En este caso, medios importantes como Clarín emplean "monitorear" en sus publicaciones (acá por poner un solo ejemplo, hablan sobre usar GPS en colectivos para monitorear el tránsito).

Muchos puristas no utilizarían esta palabra y tendrán sus razones, pero a mí me gusta ser flexible en casos como éste. Por eso, mi criterio para textos dirigidos a lectores locales es emplear la palabra "monitorear" y aceptarla como correcta.
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