Un falso falso amigo en el camino

Hace poco, haciendo una traducción del inglés al español para un cliente, encontré la palabra "effective". Como suelo hacer en estos casos en los que me surge espontáneamente la palabra similar del español, recurrí a uno de mis diccionarios en línea (Wordreference) y a las listas de falsos amigos que siempre tengo conmigo.

Wordreference daba como traducciones "eficaz" y "efectivo", pero la lista de falsos amigos encendió la alarma de bomberos y me prohibió que tradujera el término como "efectivo" porque así se denomina únicamente el dinero contante y sonante.

Hay varias listas en internet que consideran las palabras "effective" y "efectivo" falsos amigos (acá, acá y acá, por ejemplo). Y me pregunto por qué.

Leamos la segunda acepción de "efectivo" que da el Diccionario de la Real Academia Española (insisto: segunda acepción, no undécima o décima cuarta):

2. adj. eficaz.

Por eso, effective y efectivo es un caso de falsos falsos amigos. Es decir, en realidad, estos dos son términos amigos en serio.

Frases: velocidad y capacidades

"Sé delicado y espera. Dame un tiempo para darte todo lo que tengo".
Julieta Venegas

La frase es de una canción que hasta no hace tanto sonaba en las radios. Viene bien para la escritura a pedido. La escritura requiere bajar un cambio para poder llegar a un resultado: no se puede reflexionar, diagramar, tachar y reescribir en un solo paso. Es bueno que el escritor lo tenga en cuenta cuando escribe y es todavía mucho mejor que el cliente también lo tenga en cuenta antes de pedir imposibles.

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Reglas de oro: Documentar, documentar, documentar

Es un lugar común, a esta altura, decir que un proyecto es como una cadena, dentro de la cual cada tarea es un pequeño eslabón. Lugar común y todo, no deja de ser cierto: documentar procesos, redactar manuales, escribir, es un pequeño eslabón en los proyectos de toda empresa, pero no por ello menos necesario.

Ideas brillantes, procesos complicados, cambios en el código y modificaciones en las funciones difícilmente puedan trascender si no quedan registrados. Documentar lleva tiempo, y ese tiempo es inversión pura. Luego, cuando haya dudas, cuando se necesite buscar información, cuando las papas quemen, esos registros que tanto trabajo costaron son los que nos salvarán.

¿Está documentado? Vamos por buen camino.

Correspondencia institucional: Cuando las noticias son malas

Situación cotidiana
Una empresa tiene que escribir una carta formal a sus clientes para anunciarles una suba de precios, un cambio de categoría, una baja de servicio, en fin, cuestiones poco agradables.

Solución improvisada
El jefe llama a su secretaria y le cuenta un par de ideas básicas para que ella les dé forma. Le indica que trate de poner las malas noticias al final, para no enojar tanto a los clientes. La carta es aprobada y enviada. Y, claro, los clientes se enojan igual o peor.

La raíz del problema está en las malas noticias; no en la carta en sí. Sin embargo, desde la escritura se puede lograr un tono acorde para disminuir el enojo tanto como sea posible. Incluir las malas noticias al final termina siendo contraproducente porque el lector se da cuenta de los giros y evasivas que está dando quien le escribe (famoso síntoma de carta "inflada", que tiene más palabras que información) y lo peor para el cliente es que después de tanta expectativa no lo espera un final feliz.

Es norma: cuando se trata de malas noticias, cuanto antes y más claro se comuniquen, mejor. Esto tiene mucho que ver con la honestidad. Enmarcarar la mala noticia como algo que, según se lo mire, puede resultar bueno es subestimar al cliente como lector y mentirle. Demorar la información por temor a un enojo es jugar con su tiempo.

El cliente quiere recibir información de manera clara y efectiva, sean buenas o malas noticias. Y es un deber de las empresas dársela.

La importancia de un currículum bien escrito

Cuando una persona decide buscar trabajo o cambiar el que ya tiene, piensa en su currículum y se pregunta: "¿Está actualizado?". ¿Pero es ésa la única pregunta que debe hacer?

Hoy el currículum es la tarjeta personal de un trabajador. Es la hoja de vida en la que consta su historia profesional y laboral, sus logros, sus aspiraciones y su experiencia. Un documento decisivo a la hora de pasar a la siguiente ronda en las preselecciones. Cuando una empresa debe escoger un empleado nuevo para su plantilla de personal, cada detalle suma y una correcta escritura es más que un plus.

Un currículum con errores o con la información mal estructurada dice mucho más de lo que parece. Los expertos en Recursos Humanos leen en esos errores una serie de características sobre el trabajador: distracción, falta de atención, falta de escritura propia, poca cultura, hasta falta de preocupación por hacer bien las cosas.

Por otra parte, un currículum bien escrito, bien diagramado y pulcro muestra al trabajador como una persona prolija, aplicada y con los pensamientos claros. Es tan efectivo como ir con las manos limpias a una entrevista. ¿Acaso hay mejor carta de presentación? Es cierto que "la primera impresión es la que cuenta". Por eso, cuanto mejor sea esa impresión, ese primer segundo en que el currículum llega a manos de la empresa, tanto más fácil será pasar a la siguiente ronda y ser evaluados por las capacidades y experiencia y no por cuestiones formales, nada más.

En algunos casos, estos errores se pueden prevenir con un diccionario y el corrector automático del procesador de textos; en otros, los errores no son sólo ortográficos, sino de distribución de la información y la asistencia profesional es recomendable.

Consultorio: El tilde. De los flippers de los ochenta a un error en la PC



En la década de los ochenta, se hizo muy famoso un juego que se jugaba en una máquina parecida a una caja rectangular grande con patas altas. El jugador disparaba una pequeña bola con un botón y luego la hacía rebotar con dos aletas (flippers, en inglés; de ahí el nombre con el que se conoció este tipo de juego) entre diferentes objetos para ganar puntos.

Algunos jugadores hacían trampa, le daban golpes a la máquina para inclinarla y obtener así mejores puntuaciones. Pero los fabricantes del juego les tenían deparado un castigo: un cartel luminoso con letras grandes en inglés que decía: «TILT» (inclinado) y que anticipaba que el juego estaba trabado.

Curiosamente, en países hispanos, se asoció la palabra «TILT» a ‘trabado’ y así se incorporó en el idioma con un sentido alejado del que tenía originalmente en inglés.

Nacieron entonces los verbos «tildarse» y «tildearse» y se agregó una acepción al sustantivo «tilde» (todavía no aceptados por la Real Academia Española), que hoy son utilizados en algunos países sudamericanos para indicar que una computadora quedó trabada —congelada su imagen—, y no se puede seguir operando.

Ortografía, ese pequeño detalle


Una letra mal escrita no es sólo un error ortográfico. En la fotografía, se ve claramente que un error ("exquiciteces" en lugar del correcto "exquisiteces") en el cartel de un negocio de comidas empaña la imagen de la empresa. El cliente se pregunta: "¿Cocinarán como escriben?".

¿Es el manual de usuario parte del producto?


Cuando una persona se acerca a un vendedor y le pide un producto, digamos una heladera con freezer, una cámara fotográfica o un taladro de percusión, lo único que le interesa en ese momento es comprar el mejor al mejor precio posible. El cliente quiere tocar, abrir, ver, investigar, tal vez comparar dimensiones, comentar sobre el producto, pero nada de ponerse a leer contratos ni manuales de usuario. Hay una suerte de ansiedad por consumir que poco tiene que ver con el detenimiento que significa la lectura. Por esta razón, algunas empresas no consideran el manual de usuario como parte del producto.

El usuario hace su compra y, ya en su casa o lugar de trabajo, abre la caja y lo enchufa, y empieza a usarlo. Muy poca gente lee las advertencias de las etiquetas y manuales. En parte es esa ansiedad por usar lo nuevo; en parte es porque las empresas se han esmerado en lograr que sus productos sean cada vez más intuitivos y seguros.

Sin embargo, "si algo puede fallar, fallará". La heladera, el taladro, la camarita digital se rompen o no funcionan y entra en juego el enojo del cliente. Y ahí empieza a ser importante el manual de usuario porque el cliente quiere leerlo, buscar soluciones, encontrar el número de teléfono de Atención al Consumidor para quejarse. Y, claro, en ese momento no tiene un gramo de paciencia.

El manual de usuario debe ser la voz tranquilizadora de la empresa fabricante ante los problemas del cliente:

-Da soluciones a los problemas más frecuentes.
-Explica cuáles son los cuidados necesarios para que el producto tenga una larga vida útil.
-Advierte sobre los peligros que implica manipular/utilizar el producto.
-Incluye datos de contacto (teléfono, dirección postal y electrónica) para que el usuario pueda consultar sus dudas.

Justamente por esto, algunas empresas consideran el manual de usuario como parte del producto: cuentan con departamentos encargados de su redacción o, mejor, contratan servicios profesionales de escritura. Y no se equivocan. La calidad y la reputación del producto (y, en definitiva, de la empresa fabricante) aumentan; disminuyen las consultas por cuestiones menores a los centros de atención al cliente y, ya calmo y contento de tener soluciones, consumidor final agradecido.
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