El nombre del producto y la coherencia institucional

Ocurre algo con los nombres en español, e incluyo en esta categoría a los sustantivos comunes. La urgencia por hablar y por comunicarnos rápido y de manera efectiva en el trato cotidiano nos lleva a utilizar apodos o a apocopar (a acortar las palabras, a decir sólo las primeras dos o tres sílabas).

Así, el colegio y el colectivo son el "cole", la profesora es la "profe" y Fisiología es, para muchos estudiantes de Medicina, simplemente "Fisio". A los Robertos, Norbertos y Albertos suelen llamarlos "Beto"; lo mismo ocurre con los Franciscos (Pancho).

Es que un apodo o una palabra breve resulta fácil de recordar y rápida de pronunciar.

A esta situación lleva el trato frecuente con un objeto o con una persona. Está bien en el trato familiar y cotidiano, pero dista mucho de ser una buena práctica cuando a empresas se refiere.

Lleva mucho tiempo pensar y definir el nombre de un producto. Estudios de marketing y pruebas, invisibles para la mayoría de los usuarios y empleados, forman parte de la historia uterina de los productos que circulan en el mercado. En teoría, ese nombre encierra todo lo que el producto es.

El problema es cuando los empleados de una empresa o los mismos usuarios colocan un sobrenombre a un producto y lo usan tan frecuentemente que el nombre oficial termina en el olvido.

Una persona llama a Atención al Cliente o se comunica con alguno de los sectores de la empresa para hacer una consulta pero, debido a la multiplicidad de nombres con que denominan el producto, no logran entenderse y así tanto el cliente como la empresa pierden tiempo y dinero.


Pongamos un ejemplo: una empresa argentina crea un módulo de juegos y, tras una serie de estudios, decide llamarlo GameMod (he cambiado el nombre para preservar la imagen de la empresa, pero es un caso real). A los empleados no les gusta el nombre o les resulta difícil de pronunciar; entonces lo llaman internamente "Arturito", ya que se parece al robot R2-D2 de la saga de la Guerra de las Galaxias. El nombre se instala y se vuelve fuerte, tanto que nadie, salvo algunos técnicos, recuerda cómo se llama oficialmente el producto. Por su parte, los clientes apocopan el nombre y lo llaman "Game". Y, claro, en el medio, la Mesa de Ayuda hace lo que puede. Como frutilla del postre, un día un empleado visita a uno de los clientes y le habla del "Arturito". La imagen de GameMod cae abruptamente.

Este fenómeno es difícil de erradicar, pero hay métodos que permiten mejorar la coherencia institucional en cuanto a los nombres de los productos:

  • Realizar estudios de marketing que tomen en cuenta la facilidad de pronunciar y recordar el nombre del producto, y en qué puede derivar.
  • Utilizar un solo nombre para cada producto en toda la documentación de la empresa (trípticos, dípticos, cartas institucionales, manuales de usuario, hojas de especificaciones técnicas, catálogos, etc.). En otras palabras, que haya coherencia en todas las comunicaciones de la empresa, tanto impresas como audiovisuales. Parece una obviedad, pero hay empresas en las que cada sector llama a las piezas o al producto de una manera diferente.
  • Hacer campañas de promoción interna: que todos los empleados conozcan los productos de la empresa, como si fueran los mismos vendedores.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

2009 Con Letra Clara - Powered by Blogger
Blogger Templates by Deluxe Templates
Wordpress theme by Dirty Blue