Consultorio: Un crupier, varios... ¿qué?

La palabra española «crupier» es de origen francés («croupier») y designa al ‘empleado de un casino encargado de dirigir el juego, repartir las cartas y controlar las apuestas’. Es común en cuanto al género: el/la crupier.

La palabra ya fue castellanizada y, por lo tanto, forma parte del léxico español, pero lo cierto es que, por su origen francés, suele generar ciertas dudas con respecto a la formación de su plural. Una situación común a todas las palabras que el español tomó de otras lenguas (¿te has puesto a pensar cuáles son los plurales de
chip, zum, sándwich o pin?).

No haya más dudas. Cuando nos queremos referir a varios de estos empleados y empleadas de casino, llamémolos lisa y llanamente «crupieres».

Ejemplos
«Surgen escuelas para crupieres»
(Proceso [Méx.] 10.11.96).

«Cerca de 700 crupieres trabajan en los siete nuevos casinos; ellos atienden las mesas y son pagadores en juegos como black jack, póker y ruleta»
(Soloazar [Arg.] 09.12.08).

Ortografía: Por una Navidad feliz con los tildes bien puestos

Diciembre es época de cambios y festejos: cerramos balances, proyectamos actividades para compartir con familia y amigos y buscamos maneras de desearles a los nuestros muchas felicidades para el año que se viene.

A muchos nos gusta mandar tarjetas (virtuales o de papel). En ellas, ponemos por escrito nuestros deseos y cariño, reafirmamos los sentimientos, los compromisos personales o de negocios.

¡Feliz Año Nuevo! ¡Feliz Navidad!

La palabra "feliz" tiene dos sílabas, está acentuada en la última (por eso es una palabra aguda) y termina en la consonante "z". La gran pregunta es: ¿debe llevar tilde? Veamos:

  • Las palabras agudas llevan tilde si terminan en n, s o vocal.
  • La palabra "feliz" es aguda, pero termina en zeta.

Por lo tanto, la palabra "feliz" no lleva acento ortográfico o tilde. Escribir el tilde es un error muy común, pero no deja de ser un error.

Ortografía: El cartel mal escrito de Passarella



Dentro de poco, River, uno de los clubes más importantes del fútbol argentino, elegirá su presidente. Se trata de una elección del ámbito deportivo en el que también está involucrada la política.

Como en toda elección, cada candidato trata de mostrar cuáles son sus valores y sus propuestas. Aparecen grandes carteles en la vía pública. Entre ellos, el que publico hoy aquí.

La gráfica es impecable: Daniel Passarella mira hacia el futuro, como un líder serio y respetable, con anteojos porque así puede tener buen ojo para analizar los problemas. La luz viene desde el ángulo hacia el que Passarella mira.

Está muy claro que la fotografía y la edición posterior son óptimas, pero el redactor publicitario (si lo hubo) decidió escribir la frase que resume el concepto de la gráfica con un error de puntuación brutal.

Escribió: "A grandes crisis. Grandes hombres". Sí, escribió un punto en lugar de una coma. Partió una oración en dos y la dejó sin sentido. Es decir, la frase tendría que haber sido: "A grandes crisis, grandes hombres".

La frase es un juego de palabras con "A grandes crisis, grandes remedios" y asocia de manera indirecta el nombre de Passarella con la palabra "remedio". Nada mal.

Pero está el error de puntuación en letras grandes y blancas, que hace pensar que en realidad el señor Passarella no está mirando el futuro ni pensando en soluciones para la crisis que está enfrentando el club en este momento. Hace pensar que Passarella luce tan preocupado y serio porque sabe del error de puntuación que pesa literalmente sobre su cabeza y no tiene la menor idea de cómo hacer para corregirlo.

El cartel estaba en la Av. Libertador. Tomé la fotografía el 26 de noviembre de 2009.

Ortografía: balnearios y bañarios

Un cartel descubierto en enero de 2009 en Mina Clavero, provincia de Córdoba, sitio donde no hay "balnearios", sino "bañarios" (claro, ¡si son para bañarse!).

Lo interesante aquí es que esa ortografía incorrecta refleja el significado de la palabra y, a la vez, su etimología. Según el Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, de Joan Corominas:

BALNEARIO, S. XIX, tomado del latín balnearius 'relativo al baño', derivado de balneum 'baño'.
Es decir, la palabra latina "balneum" derivó en la palabra española "baño". ¿Entonces por qué "balnearius" no puede derivar en "bañario"? Tal vez quien escribió el cartel no tenía buena ortografía, pero algo intuía sobre filología diacrónica (aquella que estudia la evolución de la lengua a lo largo del tiempo)...

El nombre del producto y la coherencia institucional

Ocurre algo con los nombres en español, e incluyo en esta categoría a los sustantivos comunes. La urgencia por hablar y por comunicarnos rápido y de manera efectiva en el trato cotidiano nos lleva a utilizar apodos o a apocopar (a acortar las palabras, a decir sólo las primeras dos o tres sílabas).

Así, el colegio y el colectivo son el "cole", la profesora es la "profe" y Fisiología es, para muchos estudiantes de Medicina, simplemente "Fisio". A los Robertos, Norbertos y Albertos suelen llamarlos "Beto"; lo mismo ocurre con los Franciscos (Pancho).

Es que un apodo o una palabra breve resulta fácil de recordar y rápida de pronunciar.

A esta situación lleva el trato frecuente con un objeto o con una persona. Está bien en el trato familiar y cotidiano, pero dista mucho de ser una buena práctica cuando a empresas se refiere.

Lleva mucho tiempo pensar y definir el nombre de un producto. Estudios de marketing y pruebas, invisibles para la mayoría de los usuarios y empleados, forman parte de la historia uterina de los productos que circulan en el mercado. En teoría, ese nombre encierra todo lo que el producto es.

El problema es cuando los empleados de una empresa o los mismos usuarios colocan un sobrenombre a un producto y lo usan tan frecuentemente que el nombre oficial termina en el olvido.

Una persona llama a Atención al Cliente o se comunica con alguno de los sectores de la empresa para hacer una consulta pero, debido a la multiplicidad de nombres con que denominan el producto, no logran entenderse y así tanto el cliente como la empresa pierden tiempo y dinero.


Pongamos un ejemplo: una empresa argentina crea un módulo de juegos y, tras una serie de estudios, decide llamarlo GameMod (he cambiado el nombre para preservar la imagen de la empresa, pero es un caso real). A los empleados no les gusta el nombre o les resulta difícil de pronunciar; entonces lo llaman internamente "Arturito", ya que se parece al robot R2-D2 de la saga de la Guerra de las Galaxias. El nombre se instala y se vuelve fuerte, tanto que nadie, salvo algunos técnicos, recuerda cómo se llama oficialmente el producto. Por su parte, los clientes apocopan el nombre y lo llaman "Game". Y, claro, en el medio, la Mesa de Ayuda hace lo que puede. Como frutilla del postre, un día un empleado visita a uno de los clientes y le habla del "Arturito". La imagen de GameMod cae abruptamente.

Este fenómeno es difícil de erradicar, pero hay métodos que permiten mejorar la coherencia institucional en cuanto a los nombres de los productos:

  • Realizar estudios de marketing que tomen en cuenta la facilidad de pronunciar y recordar el nombre del producto, y en qué puede derivar.
  • Utilizar un solo nombre para cada producto en toda la documentación de la empresa (trípticos, dípticos, cartas institucionales, manuales de usuario, hojas de especificaciones técnicas, catálogos, etc.). En otras palabras, que haya coherencia en todas las comunicaciones de la empresa, tanto impresas como audiovisuales. Parece una obviedad, pero hay empresas en las que cada sector llama a las piezas o al producto de una manera diferente.
  • Hacer campañas de promoción interna: que todos los empleados conozcan los productos de la empresa, como si fueran los mismos vendedores.

Yo yerro, tú yerras: "Es como que te exitás"

"Es como que te exitás"


Éste es el título de una nota periodística que Federico Lisica publicó en el suplemento NO de Página/12 el jueves 7 de mayo de 2009.

Y sorprende encontrar un error ortográfico aquí ("exitás" en lugar del correcto "excitás"), no porque sea imposible cometerlo, sino porque correctores y editores ponemos especial atención a los titulares, los epígrafes y los párrafos destacados porque son lo primero que lee la gente. Cometer o dejar pasar un error en ellos es lo mismo que publicarlo en un cartel de neón.

Al principio, pensé que se trataba de un juego de palabras, una manera de mostrar la relación entre la pasión y el éxito, pero no. Sólo era un error ortográfico que el periodista, el corrector y el editor inmortalizaron en grandes letras rojas.

Leído en: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/no/12-4031-2009-05-07.html

Queísmo patriótico


El queísmo es un vicio del lenguaje que consiste en utilizar la conjunción "que" en lugar de la secuencia "de que". Por ejemplo: *Me alegro que hayas aprobado el examen (el asterisco indica expresión incorrecta, agramatical, no aceptada).

Es hermano del dequeísmo, que consiste en utilizar la secuencia "de que" cuando sólo corresponde la conjunción "que". Por ejemplo: *Pienso de que es una buena idea.

Los estudiosos de la lengua piensan que el queísmo se debe a un fenómeno de hipercorrección. Advertidos del dequeísmo, muchos hablantes de la lengua española deciden eliminar la preposición "de" de sus expresiones para evitar así caer en el error, pero caen en otro.

El queísmo no es un error nuevo. Ya en el nacimiento de nuestra patria andaba rondando en los textos de 1822 y 1827 nada menos que de don José de San Martín. Un queísmo patriótico, si se quiere, pero error al fin.

"En esas circunstancias me convencí que, por desgracia mía, había figurado en la revolución más de lo que había deseado, lo que me impedía poder seguir, entre los partidos, una línea de conducta imparcial. En consecuencia y para disipar toda idea de ambición a ningún género de mando, me embarqué para Europa."

(San Martín. Su correspondencia, Museo Histórico Nacional, Buenos Aires, 1910, p. 26, citado por Carlos Alberto Guzmán en San Martín. 1824-1850, Buenos Aires, Círculo Militar, 1993, p. 14).


"En cuanto a mi viaje a Guayaquil, él no tuvo otro objeto que el de reclamar del general Bolívar los auxilios que pudiera prestar para terminar la guerra del Perú (...). Mi confianza en el buen resultado estaba tanto más fundada cuanto el ejército de Colombia, después de la batalla de Pichincha, se había aumentado con los prisioneros, y contaba con 9.600 bayonetas; pero mis esperanzas fueron burladas al ver que en mi primer conferencia con el Libertador me declaró que, haciendo todos los esfuerzos posibles, sólo podía desprenderse de tres batallones con la fuerza total de 1.070 plazas. Estos auxilios no me parecieron suficientes para terminar la guerra, pues estaba convencido que el buen éxito de ella no podía esperarse sin la activa y eficaz cooperación de todas las fuerzas de Colombia: así es que mi resolución fue tomada en el acto, creyendo de mi deber hacer el último sacrificio en beneficio del país."

(Extraído de Carta del Libertador don José de San Martín al general
don Guillermo Miller, en donde le informa sobre
su actuación en América, dándole noticias sobre la
entrevista de Guayaquil
, consultada el 4 de noviembre de 2009).

Feliz día, traductores

Dos citas para homenajear en su día a los traductores y su noble profesión (leído en El cuaderno naranja).

Sin traducción habitaríamos provincias lindantes con el silencio.
George Steiner
Los escritores hacen la literatura nacional y los traductores hacen la literatura universal.
José Saramago

¡Feliz día!

Visto por ahí: la escritura en el mundo del trabajo

Una alegría total leer que Bumeran publicó un artículo sobre cómo influye la escritura (buena o mala) en el mundo del trabajo. Hacemos fuerza juntos porque viene a tono con lo que publiqué hace poco en este blog sobre la importancia de un currículum bien escrito.

Nunca está de más advertir que la escritura es una verdadera carta de presentación, más aún en tiempos de comunicaciones virtuales y necesariamente por escrito (mienten los que dicen que ya no se escribe como antes: se la pasan escribiendo correos electrónicos, chateando por MSN y dejando comentarios en blogs y saludos en los muros de sus amigos de Facebook).

Vuelvo al artículo. Me encantó el consejo de cierre:
"Mejor redacción + mejor presentación = más posibilidades de un mejor trabajo."


Leído en: Bumeran Blog.

Los abogados al banquillo: la jerga profesional o la llaneza en el lenguaje



-¿Qué son cien abogados encadenados en el fondo del mar?
-Un buen comienzo.



De todas las profesiones hay un estereotipo. El del abogado es simple: un tipo ampuloso, que habla en difícil, que cobra caro y que sólo piensa en su propio beneficio. Es cierto, hay unos cuantos abogados que cuadran con esta descripción, pero no son todos iguales.

La función de la ley y de la abogacía está muy ligada al concepto de escritura que se tenga. Están los que dicen que la ley es para todos, pero que se necesitan mediadores (los abogados) para comprenderla y están los otros, con los que me llevo mejor, que dicen que si la ley es para todos, tiene que estar escrita en un lenguaje llano, accesible a todos los ciudadanos, a los que podrán asesorar los abogados.

La postura con respecto a esto determina dos tipos diferentes de escritura: la escritura "juridicosa", oscura y compleja, y la llana, que es simple y accesible.

Pero no sólo los abogados piensan que escribir bien es escribir oscuro y con palabras largas. Esto se ve en todos los ámbitos. Y, por eso, hay que combatirlo en todos los ámbitos.

Uno de mis escritores argentinos favoritos, Marco Denevi, creó en su nouvelle Rosaura a las diez un personaje interesantísimo, un joven estudiante de Abogacía llamado David Réguel que cumple con todas las características del estereotipo. Sus expresiones están cargadas de palabras en otros idiomas, preferentemente en latín, y términos de la jerga jurídica, aplicados a situaciones corrientes, ajenas al ámbito legal. ¿El resultado? Nadie le entiende y él se siente importante.

Los políticos caen en los mismos errores si vienen del ámbito jurídico. La señora presidente de los argentinos, por ejemplo, utiliza términos jurídicos fuera de ese ámbito y ante públicos que no dominan su misma jerga profesional.

Por poner un ejemplo, en julio de 2008, en su discurso ante la cumbre del Mercosur, Cristina Fernández de Kirchner mencionó la necesidad de una negociación de carácter “sinalagmático”. Se hizo un silencio sepulcral en la sala, por lo que se sonrió y agregó: “Claro, Chávez me mira porque él es militar y no tiene por qué saber un término jurídico”. Chávez tuvo un asistente veloz, que le pasó el significado en un papelito, pero no era el caso. El caso es qué entendía toda la gente, el pueblo, que estaba mirando el transcurso de la cumbre por televisión o la gente que después tenía acceso a la transcripción de los discursos. ¿Y si la presidente no se detenía en el término qué pasaba? En eso la presidente estaba en lo cierto: ni Chávez ni el pueblo tenían por qué saber un determinado término jurídico y, a menos que se lo explicaran solidariamente, el término no debería haber estado en su discurso.

Utilizar términos de un ámbito restringido o particular ante un público más amplio es pedante, discriminatorio y un signo de que uno no puede adaptar los conocimientos para que los entienda la mayoría. No está bien.

Ahora bien, volvamos a los abogados. Los abogados escriben muchos textos. Y, aunque en la Argentina ahora hay juicios orales, la mayor parte de los pasos de un juicio se hacen por escrito. Los jueces leen cientos y cientos de papeles por día. Cada paso significan fojas y fojas de defensa y explicación. Los abogados escriben y los juecen leen.

Por eso, cuando hay que escribir un texto jurídico, hay que pensar en quien lo va a leer. ¿Lo va a leer el pueblo (en el caso de las leyes)? ¿Lo va a leer el juez (en el caso de una presentación en una causa)? Detrás de todo texto hay una persona de carne y hueso que lee, por la que el que escribe debe sentir compasión.

Y eso se logra respetando al menos estos tres lineamientos:

1- Transmitir las ideas con la mayor claridad posible.
2- No irse por las ramas, evitar los detalles innecesarios.
3- Preferir las palabras familiares (por lo general, en español son las más cortas) a los tecnicismos. Reducir el uso de éstos a los casos en que son absolutamente necesarios.

Frases: planificar la escritura

"Hay que escribir corto y pensar largo".

E. Spranger

Consultorio: ¿Prueba de chi o de ji cuadrado?



La expresión x2 hace referencia a una prueba estadística que permite calcular la probabilidad de obtener resultados que únicamente por efecto del azar se desvíen de las expectativas en la magnitud observada si el modelo es correcto.

Debe su nombre a la letra ji (X, x), vigésima segunda del alfabeto griego, con la que se representa el resultado de la prueba. Sin embargo, no todos la llaman «prueba de ji cuadrado» o «prueba de ji al cuadrado» , como es correcto. También se lee y se escucha «prueba de chi cuadrado», incluso en ámbitos académicos.

El error se debe a que, en inglés, esta prueba se denomina chi square, chi squared o chi-squared test y muchas personas, que la estudiaron a partir de textos en ese idioma, importaron la expresión «chi cuadrado», sin saber que, en el idioma de Shakespeare, «chi» se pronuncia «cai», no «chi».

Un claro de ejemplo de espanglish, que deberíamos evitar.

Visto por ahí: falsos amigos

Un vídeo interesante sobre falsos amigos en inglés-español.

Palabras fuera del diccionario: monitorear

Hace un rato, buscaba una buena opción de traducción para el verbo inglés "monitor" y descubrí una interesante cuestión idiomática.

Al menos en la Argentina, en Buenos Aires, solemos utilizar el verbo "monitorear". Es un verbo que tiene en Google 1.150.000 ocurrencias. Pavada de veces. Pero el verbo no figura en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) y eso, como siempre, nos pone en un brete.

Por su parte, en Wordreference, el verbo que se presenta como traducción de "monitor" -y el más cercano a "monitorear" (con el significado de 'observar', 'controlar' y 'seguir')- es "monitorizar".

De vuelta al DRAE entonces. Pero sigue la galleta: "monitorizar" tiene una única acepción que toca estos tres significados, pero hasta cierto punto. Veamos.

El DRAE dice:

monitorizar.

1. tr. Observar mediante aparatos especiales el curso de uno o varios parámetros fisiológicos o de otra naturaleza para detectar posibles anomalías.

Está claro que es una acepción muy acotada. Y a esto debemos sumarle que las ocurrencias en Google de "monitorizar" son pocas (sólo unas 632.000 contra el millón y pico de "monitorear").

Cuando ocurren estos dilemas, hay que evaluar varios aspectos antes de tomar una decisión:
- Si se trata de un regionalismo
- Si el término que no figura en el diccionario es de uso masivo
- Si el término que no figura en el diccionario y de uso masivo sigue las reglas de formación de palabras en el sistema de la lengua
- Si hay otros términos que se puedan utilizar como alternativas para evitar un término todavía no aceptado "oficialmente" (una opción algo cobarde, pero conciliadora también)

En este caso, medios importantes como Clarín emplean "monitorear" en sus publicaciones (acá por poner un solo ejemplo, hablan sobre usar GPS en colectivos para monitorear el tránsito).

Muchos puristas no utilizarían esta palabra y tendrán sus razones, pero a mí me gusta ser flexible en casos como éste. Por eso, mi criterio para textos dirigidos a lectores locales es emplear la palabra "monitorear" y aceptarla como correcta.

Un falso falso amigo en el camino

Hace poco, haciendo una traducción del inglés al español para un cliente, encontré la palabra "effective". Como suelo hacer en estos casos en los que me surge espontáneamente la palabra similar del español, recurrí a uno de mis diccionarios en línea (Wordreference) y a las listas de falsos amigos que siempre tengo conmigo.

Wordreference daba como traducciones "eficaz" y "efectivo", pero la lista de falsos amigos encendió la alarma de bomberos y me prohibió que tradujera el término como "efectivo" porque así se denomina únicamente el dinero contante y sonante.

Hay varias listas en internet que consideran las palabras "effective" y "efectivo" falsos amigos (acá, acá y acá, por ejemplo). Y me pregunto por qué.

Leamos la segunda acepción de "efectivo" que da el Diccionario de la Real Academia Española (insisto: segunda acepción, no undécima o décima cuarta):

2. adj. eficaz.

Por eso, effective y efectivo es un caso de falsos falsos amigos. Es decir, en realidad, estos dos son términos amigos en serio.

Frases: velocidad y capacidades

"Sé delicado y espera. Dame un tiempo para darte todo lo que tengo".
Julieta Venegas

La frase es de una canción que hasta no hace tanto sonaba en las radios. Viene bien para la escritura a pedido. La escritura requiere bajar un cambio para poder llegar a un resultado: no se puede reflexionar, diagramar, tachar y reescribir en un solo paso. Es bueno que el escritor lo tenga en cuenta cuando escribe y es todavía mucho mejor que el cliente también lo tenga en cuenta antes de pedir imposibles.

Link permanente: http://vrserviciosdeescritura.blogspot.com/2009/08/frases-velocidad-y-capacidades.html

Reglas de oro: Documentar, documentar, documentar

Es un lugar común, a esta altura, decir que un proyecto es como una cadena, dentro de la cual cada tarea es un pequeño eslabón. Lugar común y todo, no deja de ser cierto: documentar procesos, redactar manuales, escribir, es un pequeño eslabón en los proyectos de toda empresa, pero no por ello menos necesario.

Ideas brillantes, procesos complicados, cambios en el código y modificaciones en las funciones difícilmente puedan trascender si no quedan registrados. Documentar lleva tiempo, y ese tiempo es inversión pura. Luego, cuando haya dudas, cuando se necesite buscar información, cuando las papas quemen, esos registros que tanto trabajo costaron son los que nos salvarán.

¿Está documentado? Vamos por buen camino.

Correspondencia institucional: Cuando las noticias son malas

Situación cotidiana
Una empresa tiene que escribir una carta formal a sus clientes para anunciarles una suba de precios, un cambio de categoría, una baja de servicio, en fin, cuestiones poco agradables.

Solución improvisada
El jefe llama a su secretaria y le cuenta un par de ideas básicas para que ella les dé forma. Le indica que trate de poner las malas noticias al final, para no enojar tanto a los clientes. La carta es aprobada y enviada. Y, claro, los clientes se enojan igual o peor.

La raíz del problema está en las malas noticias; no en la carta en sí. Sin embargo, desde la escritura se puede lograr un tono acorde para disminuir el enojo tanto como sea posible. Incluir las malas noticias al final termina siendo contraproducente porque el lector se da cuenta de los giros y evasivas que está dando quien le escribe (famoso síntoma de carta "inflada", que tiene más palabras que información) y lo peor para el cliente es que después de tanta expectativa no lo espera un final feliz.

Es norma: cuando se trata de malas noticias, cuanto antes y más claro se comuniquen, mejor. Esto tiene mucho que ver con la honestidad. Enmarcarar la mala noticia como algo que, según se lo mire, puede resultar bueno es subestimar al cliente como lector y mentirle. Demorar la información por temor a un enojo es jugar con su tiempo.

El cliente quiere recibir información de manera clara y efectiva, sean buenas o malas noticias. Y es un deber de las empresas dársela.

La importancia de un currículum bien escrito

Cuando una persona decide buscar trabajo o cambiar el que ya tiene, piensa en su currículum y se pregunta: "¿Está actualizado?". ¿Pero es ésa la única pregunta que debe hacer?

Hoy el currículum es la tarjeta personal de un trabajador. Es la hoja de vida en la que consta su historia profesional y laboral, sus logros, sus aspiraciones y su experiencia. Un documento decisivo a la hora de pasar a la siguiente ronda en las preselecciones. Cuando una empresa debe escoger un empleado nuevo para su plantilla de personal, cada detalle suma y una correcta escritura es más que un plus.

Un currículum con errores o con la información mal estructurada dice mucho más de lo que parece. Los expertos en Recursos Humanos leen en esos errores una serie de características sobre el trabajador: distracción, falta de atención, falta de escritura propia, poca cultura, hasta falta de preocupación por hacer bien las cosas.

Por otra parte, un currículum bien escrito, bien diagramado y pulcro muestra al trabajador como una persona prolija, aplicada y con los pensamientos claros. Es tan efectivo como ir con las manos limpias a una entrevista. ¿Acaso hay mejor carta de presentación? Es cierto que "la primera impresión es la que cuenta". Por eso, cuanto mejor sea esa impresión, ese primer segundo en que el currículum llega a manos de la empresa, tanto más fácil será pasar a la siguiente ronda y ser evaluados por las capacidades y experiencia y no por cuestiones formales, nada más.

En algunos casos, estos errores se pueden prevenir con un diccionario y el corrector automático del procesador de textos; en otros, los errores no son sólo ortográficos, sino de distribución de la información y la asistencia profesional es recomendable.

Consultorio: El tilde. De los flippers de los ochenta a un error en la PC



En la década de los ochenta, se hizo muy famoso un juego que se jugaba en una máquina parecida a una caja rectangular grande con patas altas. El jugador disparaba una pequeña bola con un botón y luego la hacía rebotar con dos aletas (flippers, en inglés; de ahí el nombre con el que se conoció este tipo de juego) entre diferentes objetos para ganar puntos.

Algunos jugadores hacían trampa, le daban golpes a la máquina para inclinarla y obtener así mejores puntuaciones. Pero los fabricantes del juego les tenían deparado un castigo: un cartel luminoso con letras grandes en inglés que decía: «TILT» (inclinado) y que anticipaba que el juego estaba trabado.

Curiosamente, en países hispanos, se asoció la palabra «TILT» a ‘trabado’ y así se incorporó en el idioma con un sentido alejado del que tenía originalmente en inglés.

Nacieron entonces los verbos «tildarse» y «tildearse» y se agregó una acepción al sustantivo «tilde» (todavía no aceptados por la Real Academia Española), que hoy son utilizados en algunos países sudamericanos para indicar que una computadora quedó trabada —congelada su imagen—, y no se puede seguir operando.

Ortografía, ese pequeño detalle


Una letra mal escrita no es sólo un error ortográfico. En la fotografía, se ve claramente que un error ("exquiciteces" en lugar del correcto "exquisiteces") en el cartel de un negocio de comidas empaña la imagen de la empresa. El cliente se pregunta: "¿Cocinarán como escriben?".

¿Es el manual de usuario parte del producto?


Cuando una persona se acerca a un vendedor y le pide un producto, digamos una heladera con freezer, una cámara fotográfica o un taladro de percusión, lo único que le interesa en ese momento es comprar el mejor al mejor precio posible. El cliente quiere tocar, abrir, ver, investigar, tal vez comparar dimensiones, comentar sobre el producto, pero nada de ponerse a leer contratos ni manuales de usuario. Hay una suerte de ansiedad por consumir que poco tiene que ver con el detenimiento que significa la lectura. Por esta razón, algunas empresas no consideran el manual de usuario como parte del producto.

El usuario hace su compra y, ya en su casa o lugar de trabajo, abre la caja y lo enchufa, y empieza a usarlo. Muy poca gente lee las advertencias de las etiquetas y manuales. En parte es esa ansiedad por usar lo nuevo; en parte es porque las empresas se han esmerado en lograr que sus productos sean cada vez más intuitivos y seguros.

Sin embargo, "si algo puede fallar, fallará". La heladera, el taladro, la camarita digital se rompen o no funcionan y entra en juego el enojo del cliente. Y ahí empieza a ser importante el manual de usuario porque el cliente quiere leerlo, buscar soluciones, encontrar el número de teléfono de Atención al Consumidor para quejarse. Y, claro, en ese momento no tiene un gramo de paciencia.

El manual de usuario debe ser la voz tranquilizadora de la empresa fabricante ante los problemas del cliente:

-Da soluciones a los problemas más frecuentes.
-Explica cuáles son los cuidados necesarios para que el producto tenga una larga vida útil.
-Advierte sobre los peligros que implica manipular/utilizar el producto.
-Incluye datos de contacto (teléfono, dirección postal y electrónica) para que el usuario pueda consultar sus dudas.

Justamente por esto, algunas empresas consideran el manual de usuario como parte del producto: cuentan con departamentos encargados de su redacción o, mejor, contratan servicios profesionales de escritura. Y no se equivocan. La calidad y la reputación del producto (y, en definitiva, de la empresa fabricante) aumentan; disminuyen las consultas por cuestiones menores a los centros de atención al cliente y, ya calmo y contento de tener soluciones, consumidor final agradecido.
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